domingo, 6 de septiembre de 2009

Efímero

Sigo frente a su ventana. Hace ya varias horas que cerró la tienda de la esquina, y yo aqui sin dormir, sin poder y sin querer. Me agobian los vapores del calor en esta mala noche de agosto. Veo todavía sus ademanes de evasión cuando cierro los ojos, y me convenzo de que no tengo valor para combatirlos de nuevo. Hoy no, ni este mes. Ni hace varios meses ya que dejé de escucharle reír. Por malas ideas se llega al fracaso, y aunque estoy conciente de mi primera falta y de su origen, me siento todavía merecedor de una respuesta, aunque sepa que es una mala idea preguntar de nuevo.

"Es mi culpa", pienso, y me doy la razón contestándome un sí.

Soy un bluff en persona. Tanto valor y coraje que creo reunir para subir hasta acá y me siembro las nalgas en la acera. Cuando había sol, me molestó el sol. Ahora son los moscos nocturnos y el bochorno.

Nunca lo sabrá, y me decepciona tanto que tengo que tragar en seco para no evidenciarle a la oscuridad mis temores. Se acerca un niño, sudoroso y corriendo por la empinada.

- Oiga, ¿me puedo sentar con usted un rato? Es que estoy bien cansado.

¿Qué inocencia, o qué valor le hicieron preguntarle a un completo extraño con facha de malviviente si puede sentarse junto a él?.

- Okey.

Viene el mocoso y se arrima.

- ¿A quién espera señor?
- A una chica.
- Ah. ¿Y ella tampoco duerme hoy?
- No lo sé.
- ¿Entonces por qué la espera? Igual y ya está dormida.
- No sé.
- Ah.
- ¿Y tú que haces corriendo a las tres de la madrugada por acá?
- Vine por esos aretes.

Abro mis ojos y ya despunta el alba.

Abro mi mano y la caja está aplastada. Tendré que comprar otra nueva.

Me levanto mirando fijamente hacia su cuarto, y sigue sin luz.

Creo ver doblar una sombra la esquina de abajo.

No tiene caso seguirle. Ni tiene caso seguir aquí.

Alguna otra noche utilizaré este recurso.